Paris is Burning

Jennie Livingston | Estados Unidos | 1990 | 71 min
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Jennie Livingston pasó siete años inmersa en la subcultura del voguing y salió con un documento histórico sobre un Nueva York en extinción.

“Se llama Vogue porque no podría llamarse Mademoiselle”. El baile que se basaba en copiar poses de la revista de moda por excelencia y que Madonna acabó por gentrificar con su famoso vídeo albergaba en los 80 todo un movimiento underground protagonizado por minorías sexuales y raciales.

Mucho antes de Caitlyn Jenner y Laverne Cox, de Hari Nef y de que expresiones como “yasss, queen” entraran en tromba en el léxico pop, ser transgénero o queer y de una minoría racial representaba un billete sin retorno a la marginalidad. El voguing, la subcultura urbana que más tarde gentrificaría Madonna, suponía un desafío a ese orden establecido. En los ochenta, tenían lugar bailes en los que los practicantes, casi todos negros y latinos, competían en batallas de baile por su “realness”, por ver quien interpretaba mejor personajes del tipo “reina marimacho” o “ejecutivo de los ochenta”. Se agrupan por “casas”, como la Casa Xtravaganza, que nutre de varios protagonistas al documental, y cada una de esas casas tenía una “madre” o lideresa. No hay que ser Freud para entender el porqué de ese léxico, ya que casi todos los voguers habían visto alejarse a sus familias verdaderas. La documentalista Jennie Livingston pasó siete años inmersa en ese mundo y acabaría llevándose el premio al mejor documental en Sundance. Veinticinco años más tarde, su documento tiene más valor que nunca.